Importancia del mar para los países Ibero Americanos e Ibéricos

Jorge Guerrero Lang
Capitán de Navío (R); Presidente de la Asociación Nacional Pro-Marina del Perú.

El mar cubre el 70% de la superficie terrestre, uniendo los cinco continentes constituyéndose en un medio de comunicación, de obtención de riqueza y proyección de los diferentes pueblos, por excelencia. El mar es la puerta de ingreso a las diferentes naciones, habiéndose convertido en un personaje protagónico de la historia de nuestros pueblos.

Para comprender la influencia que ha tenido y tiene el mar peruano, sobre el territorio, clima y población, es necesario hacer una pequeña explicación: el Perú, situado en la parte oriental del océano Pacífico, ocupa una posición privilegiada en el continente americano, que lo proyecta hacia la cuenca del Pacífico, escenario de gran futuro en el próximo milenio. Posee 2.800 km de costa, la misma que está comprendida en la región tropical (3° a 18° de latitud sur, correspondiéndole un clima tropical. Sin embargo, debido a un complejo sistema de corrientes marinas, el clima y la temperatura existentes, tanto en el mar como en el territorio son modificados, no correspondiendo a dicha región.

Para el caso de las aguas marinas cercanas a nuestra costa, se puede señalar que existe una pequeña zona entre la frontera con el Ecuador y los 4° de latitud sur que corresponde a la provincia bio-geográfica pacífico-panameña o netamente tropical; otra pequeña porción, entre los 4° y los 7° que es una zona intermedia que recibe influencia de aguas tropicales del norte (corriente del Niño) y frías del sur (corriente de Humboldt); una zona mayor, situada entre los 7° y los 18° sur, correspondiente a la provincia peruano-chilena o zona de la corriente de Humboldt, con un clima subtropical o templado cálido. Adicionalmente, mar afuera de la costa peruana, se crea un cuarto distrito, que es tropical y dependiente de la corriente oceánica peruana.

La corriente de Humboldt, además de modificar el clima, trae innumerable cantidad de nutrientes (zooplancton y fitoplancton) dando lugar a una de las áreas de mayor fertilidad y de riqueza biológica en el mundo.

Los primeros pobladores de la costa peruana, nómadas, datan de 10.000 años (8000 AC), los cuales empleaban para su alimentación diferentes clases de mariscos, cuyos caparazones o valvas se han encontrado en los llamados conchales. Más o menos, por el año 7.000 AC se establecen en la costa los primeros sedentarios, dedicándose a la horticultura, recolección de mariscos, caza y pesca de lobos marinos y otras especies. Se han encontrado construcciones de chozas y diversos instrumentos y utensilios en los cuales emplearon huesos de ballena, así como adornos de conchas.

Se han encontrado restos de redes que datan del año 6800 AC en las tumbas de los paracas. Así mismo, el Sr. Martín Weiss Durand, ciudadano español nacionalizado peruano, ha encontrado, luego de la inspección de muchos cráneos, que dichos habitantes presentaban osteomas en el conducto auditivo, enfermedad que se produce por los cambios de presión que sufren los buceadores.

La dependencia del mar se va incrementando, dadas las características desérticas de la costa, hasta llegar al año 3000 AC, en que existen poblaciones enteras dedicadas casi exclusivamente a la pesca, recolección de moluscos y caza de animales marinos.

Posteriormente, al conocer el algodón, se confeccionan redes con estas fibras, las que eran arrojadas desde la orilla, ya que todavía no hay indicios del uso de embarcaciones. También se mejoran los artículos de pesca, anzuelos, arpones, cordeles, canastas de junco para el transporte y otros restos hallados en Huaca Prieta, en Chicama.

En la época precolombina, 2000 AC, los habitantes del actual territorio peruano, ya tenían una dependencia determinante del mar. Los pobladores de las culturas Nazca, Paracas, Chavín, Mochica y Vicús, principalmente, practicaban la pesca artesanal desde balsillas de troncos, cañas, pellejos de animales, así como desde embarcaciones de totora y a vela, tal como lo demuestran las redes, artículos de pesca y restos de animales marinos encontrados en las excavaciones arqueológicas, así como en la representación de actividades de pesca, peces, moluscos y crustáceos, en la cerámica, telas y construcciones.

También se han encontrado restos de embarcaciones hechas con troncos de árboles (canoas y piraguas), tal como se construyen en la Amazonía. Sin embargo éstas no se desarrollaron por la falta de material adecuado (troncos grandes) así como por no permitir una buena estabilidad en el mar.

Durante el período incaico, se perfeccionaron las técnicas de pesca, de conservación del pescado (salado), así mismo se inicia el empleo de la anchoveta y sardina seca y el guano de las aves guaneras, para fertilizar las tierras. También se inician las navegaciones largas entre Guayaquil, Paita y Pacasmayo, tanto para faenas de pesca como para comercio.

Con la llegada de los españoles, por mar, se inicia el descubrimiento y la conquista de estas tierras. Los españoles trajeron su cultura, religión, nuevas técnicas, nuevas virtudes y vicios que afectaron sobremanera a las poblaciones autóctonas. Se inicia el empleo de embarcaciones y materiales europeos más evolucionados para la pesca, desarrollándose como actividad comercial local.

Sin embargo, el mar también significó para el Virreinato del Perú durante el siglo XVIII, la vía de ingreso de los bien armados balleneros europeos, ingleses y norteamericanos, los cuales depradaban nuestro mar y cometían diversas fechorías tales como contrabando, asalto a embarcaciones y puertos. Hipólito Unanue calcula que la pesca de la ballena representaba económicamente el doble de lo que producían las minas de oro y plata de todo el Virreinato del Perú.

Durante el siglo XIX, la pesca continuó siendo una actividad muy poco desarrollada. En 1840 se inicia la explotación de dos importantes productos que se derivan del mar, el guano de las islas y el salitre. Como dice el historiador Denegri, estas actividades produjeron cuantiosas ganancias, que infortunadamente el Perú no supo aprovechar, y que esta falaz riqueza nos convirtió en un país dependiente de la exportación para obtener sus ingresos y en un país dependiente de la importación para su abastecimiento, habiendo a importar lajas inglesas y carbón para su uso doméstico en Lima.

Durante el siglo XX, en 1936, el Sr. Martín Weiss Durand, inicia en el Perú la actividad pesquera, en forma industrial, fundando la primera compañía pesquera nacional (Compañía Nacional de Pesca), cuyo producto, pescado congelado, especialmente atún y barrilete, atendió la demanda local y en pequeñas cantidades la demanda internacional. No es sino con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que esta actividad florece. Así mismo, el mercado internacional demandó especies que no eran pescadas y que existían en el país, como fueron, el tiburón y el bonito (por la gran cantidad de vitamina A y D que tienen en el hígado), así como otras especies para ser consumidas en salmuera y en enlatado, iniciándose así la industria conservera en el Perú. Con el término de la guerra, el mercado americano restringe las exportaciones, sin embargo nuestro pescado, especialmente enlatado y en salmuera, es acogido en el mercado europeo.

Otro derivado del pescado que propició el verdadero y gran desarrollo de la pesquería nacional, al ser el principal producto de exportación, fue la harina de pescado. Entre los años 54 y 57 se inicia la fabricación en gran escala de este producto. Hay que recordar que el Perú en la década del 70 y 80 llegó a ser el primer productor, a nivel mundial, de harina de pescado. Epoca que marca también la pesca indiscriminada del recurso anchoveta, que junto a los intensos fenómenos de El Niño acaecidos desde dichos años han hecho desaparecer casi por completo el recurso anchoveta y merluza, encontrándose la pesca nacional, hoy en día, en pésima situación. Al desaparecer esta actividad, trae como consecuencia la pérdida de los puestos de trabajo, directos e indirectos, originando una recesión marcada en el país, afectando directamente a las poblaciones que vivían sólo de dicha actividad.

Otra actividad que debe desarrollarse es la acuicultura. La pesca extractiva mundial está decayendo, siendo mayor la demanda que la oferta. La única forma de mantener o aumentar la oferta, es mediante el desarrollo de la acuicultura, la misma que requiere de tecnología.

Los recursos pesqueros con que contamos son abundantes y variados, pero es necesario una política racionalizada para permitir su explotación adecuada, así como el desarrollo de ciencia y tecnología marina, a través de organizaciones como el Instituto del Mar, que permitan evaluar la cantidad de los recursos, cuotas a capturarse, mejora de las técnicas de captura, procesado y comercialización del pescado y otras especies, a fin de no depredarlas.

La riqueza del mar ha sido fuente de legislación y de acuerdos internacionales a fin de preservar estos recursos, por ejemplo, la proclamación de la soberanía de las 200 millas que hiciera el Perú, en el año de 1947 y las sucesivas proclamaciones efectuadas por los demás países de América Latina y otros, especialmente los del Tercer Mundo.

Sobre el mar actúa el medio más económico de transporte: el transporte marítimo. Este, moviliza cargas de gran peso y volumen a través de grandes distancias a un bajo costo, permitiendo el intercambio de materiales, equipos y otros, que de otra forma serían imposibles de movilizar.

Los problemas ocasionados en el mundo debidos a la gran población que este soporta y a que cada vez más, los recursos sobre la tierra se agotan o son más difíciles de explotar, hacen que tengamos que mirar al mar, como la solución a estos problemas. El mar es hoy en día una fuente importante de alimentos, así como una fuente poco explotada de recursos naturales (minerales y otros), constituyéndose en una gran reserva de éstos.

El mar adquiere su verdadero valor, cuando los pueblos son capaces de explotar y aprovechar adecuadamente los recursos y facilidades que este brinda. Así mismo el mar provee un ámbito de proyección política, económica, cultural y militar, así como de intercambio, comunicación y riqueza. El mar ha sido un tema permanente en el pensamiento de los hombres; los hombres permanentemente han interactuado con dicho elemento, generándose posiciones geopolíticas que han influenciado en la determinación de las naciones hasta el presente. En el pasado el mar permitió la existencia de nuestras naciones; hoy es el elemento principal para su supervivencia.

El valor de los lagos y ríos, se aprecia principalmente cuando existen accidentes geográficos notables, tales como cordilleras, selvas o desiertos, que impiden o dificultan la comunicación en el interior de un continente o país; cuando esto sucede se produce un debilitamiento político, social, cultural y económico de un país o región.

Los grandes ríos y lagos han sido fuente de asentamiento poblacional, permitiendo que surjan los pueblos y luego las grandes ciudades. Estas a medida que se desarrollaban, se constituyeron en focos económicos y culturales, expandiéndose primero a su alrededor y luego como elemento de transculturización hacia el exterior. Los ríos han fomentado la unidad idiomática de nuestras poblaciones, especialmente entre los habitantes de ambas orillas donde se desarrolló el comercio.

Los ríos en nuestros países han permitido la conquista de grandes y ricos territorios, constituyéndose incluso hoy en día como las vías de expansión política y de comunicación por excelencia en dichos territorios inhóspitos, facilitando la integración y unidad nacional.

Los ríos han servido como fronteras y límites naturales, en la demarcación de los países. Las redes fluviales han influido en la determinación y modo de ejercer el poder político. Así, en los países con una red fluvial radial, se ha constituido un centro de poder político que es el centro de la administración del Estado. En los países con sistema fluvial paralelo predomina una pluralidad de Estados con distintos intereses.

Hoy en día para defender los intereses de las naciones en el mar, lagos y ríos, es preciso contar con una legislación adecuada que regule su uso y aprovechamiento evitando la depredación, contaminación y uso de dichos medios para la realización de actividades ilícitas, así como contar con una marina capaz de controlar y de imponer las leyes nacionales e internacionales en dichas áreas.