Introducción en argentina por vía marítima de organismos acuáticos perjudiciales y patógenos

Ramón Antonio Arosa
Almirante (R); Presidente de la Liga Naval Argentina.

SÍNTESIS Y PRESENTACIÓN

Desde que el hombre comenzó a colonizar el mundo (extendiendo su hábitat) ha llevado consigo a animales y plantas, algo así como una mudanza para tratar de disfrutar en el nuevo sitio de las comodidades mínimas de que disponía anteriormente y de mantener su entorno con aquellas cosas que le eran conocidas por un lado e imprescindibles por el otro.

Este tipo de movimiento de cosas y de especies, implica también la emigración en algunos casos, de ecosistemas propiamente dichos. Estos movimientos que conllevan interacción eran efectuados en forma voluntaria, pero sin poseer el concepto actual de lo que significa la introducción de nuevas especies en hábitats distintos. Por otro lado se producían migraciones de otras especies en forma involuntaria, que eran llevadas también por el hombre a cuestas de él o de lo que el hombre transportaba consigo (carga, bagaje, provisiones, etc.) por ejemplo, parásitos, semillas, esporas, hongos, microecosistemas adheridos al casco de embarcaciones, etc.

Tanto la introducción voluntaria como involuntaria de especies produce un impacto, en este caso referido a organismos acuáticos, los cuales pueden colonizar nuevos sitios y convivir en el nuevo hábitat con las especies locales o pueden convertirse en invasoras y disputar e incluso desplazar del nicho a las especies autóctonas alterando a los ecosistemas.

Con el objeto de atender este problema, en el seno de la Organización Marítima Internacional (OMI) se está analizando el tema de la introducción de organismos acuáticos en el agua de lastre y en el casco de los buques, evaluando las distintas ponencias de las naciones que, además de las mencionadas sobre el estado de avance de los organismos, se proponen distintas formas para encarar su control.

Al respecto, a modo de ejemplo, las directrices emitidas por la OMI a través de la resolución A.868 de la vigésima Asamblea y la propuesta de gestión para su cumplimiento emitida en forma conjunta por la Cámara Naviera Internacional (ICS) e Intertanko, son claros avances sobre como la comunidad adopta o propone medidas para encarar el problema. Tal actitud no se circunscribe a ellas solamente y ya que otras instituciones u organizaciones privadas y nacionales continúan contribuyendo con sus propuestas a un mejor conocimiento del tema y que por razones de tiempo sería largo enumerar.

Además de lo antes citado, en distintos cuerpos, la comunidad internacional ha enfrentado el problema por distintas vías pero con el mismo objetivo, siendo considerado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo de 1992 (CONUMAD ­ UNCED), conocida como la Conferencia de Rio de 1992 y en su Agenda 21, Capítulos 17 y 18, que tratan entre muchos otros los temas de la introducción de los organismos acuáticos perjudiciales y de las pinturas antiincrustantes.

Si bien esta última cuestión es de sumo interés e importancia por su interrelación, en esta exposición sólo se hará mención a ella pues debido a su carácter y complejidad, merece que sea tratada en forma separada.

No debo dejar de mencionar que la cuestión de la introducción de organismos acuáticos en el agua de lastre, también ha sido considerado en la Convención sobre Derecho del Mar de 1982 (CONVEMAR ­ UNCLOS), como así también, en el Convenio de Diversidad Biológica de 1992.

Otro aspecto fundamental que debe considerarse en la gestión del agua de lastre es el de seguridad, a la cual varias sociedades, organizaciones y naciones han tomado en consideración en relación a las posibles consecuencias del cambio del agua de lastre en el mar, ya que en general los buques no han sido diseñados para atender tal cuestión.

Su gestión por lo tanto representa un reto que no tengo dudas que, basado en la experiencia y en un marco de consenso internacional, las empresas, las organizaciones y las administraciones en forma conjunta sabrán atender y dar debida respuesta para la protección del medio acuático y paralelamente no comprometer la seguridad del material, la carga y fundamentalmente la vida humana en el mar.

Es por ello, que las naciones participan hoy activamente en la OMI para determinar si se adoptará un enfoque global o el de una zona de gestión de agua de lastre. Nos parece que el mencionado en último término permite una mayor flexibilidad y paralelamente disminuye los riesgos que una gestión generalizada implicaría. Es dable esperar por lo tanto, que en el futuro se emitan normas de obligado cumplimiento, sea en la forma de un convenio o dentro del MARPOL como nuevo anexo y de esta forma se de una respuesta cabal a tal problema.

La Argentina es parte interesada en el tema, como así también el MERCOSUR y consecuentemente la Hidrovía Paraguay-Paraná en su curso inferior, pues esta vía ya ha sido blanco de al menos tres especies foráneas introducidas por vía marítima. Estas una vez llegadas al río de la Plata no se han mantenido estacionarias, sino que han continuado su marcha colonizando sitios aguas arriba, en el río Paraná tanto en su cauce principal como en algunos afluentes y de la misma forma se ha detectado su incursión en el río Uruguay. No escapa al conocimiento general que estas especies ocasionan tras su paso inconvenientes en instalaciones subácueas, especialmente en tomas de agua y como, se indicara anteriormente, al ecosistema.

En este sentido, nuestro país ha dado desde finales del año 1998 unos pasos denotando una actitud proactiva emitiendo ordenanzas para la protección del medio acuático, entre ellas una que debe ser cumplida por aquellos buques que ingresan a los puertos argentinos de la cuenca del Plata y al litoral argentino. El objeto de ella es minimizar el riesgo de seguir siendo objeto de la incursión de especies foráneas a cuestas de las actividades marítimas hasta tanto la comunidad adopte un criterio sobre la gestión del agua de lastre.

El objeto del presente trabajo es comentar en forma general distintas cuestiones sobre las formas que se proponen para encarar el tema, tener un panorama y, particularmente, expresar nuestra preocupación sobre la necesidad que no sólo la comunidad marítima es responsable del control de la contaminación del medio acuático, ya que sólo representa una parte menor respecto del total de la carga que recibe.

Apreciamos por un lado, que es menester que el sector continúe profundizando los estudios y tomando medidas con un criterio proactivo, pero no deberíamos soportar solos el problema, puesto que también el resto de la comunidad que mora en las costas debería proporcionalmente hacerse cargo de su cuota, ya que aunque se llegase al paradigma de cero contaminación por parte de la comunidad marítima, el porcentual (entre 20 y 30 %) al que se arribase sería de menor cuantía frente al volumen total que debe soportar nuestro medio acuático, que es nuestro mayor pulmón, esencialmente para el sostenimiento de nuestra forma de vida.

Para concluir esta presentación, deseo destacar que nuestra nación anfitriona ha realizado un importante aporte a la gestión del agua de lastre de los buques, proponiendo para análisis en la OMI y de la comunidad marítima internacional el método de dilución, como así también las propuestas para mejorar las reglas proyecto del instrumento jurídico sobre la utilización de sistemas antiincrustantes que tengan efectos perjudiciales para el medio marino. A nuestro parecer, este hecho denota una altísima capacidad técnica para la solución de problemas y paralelamente una clara preocupación y consideración en la protección del medio marino, trayendo a los hechos la concepción estratégica de ³Río 92² antes citada.