Los océanos: patrimonio de la humanidad

José Enrique Lechuga de Serantes
Capitán de Navío (R); socio de la Real Liga Naval Española y Secretario General de Fomento del Mar (FOMAR).
(Texto distribuido, pero no leído, durante la Asamblea)

El mar ha impulsado a través de los tiempos la expansión del hombre en el espacio, y el perfeccionamiento del arte de navegar ha sido factor determinante en el largo camino desde la aldea primitiva a la aldea global planetaria, habiendo establecido las culturas mediterráneas de la antigüedad las bases de la náutica.

Los barcos egipcios, fenicios y griegos conjugaban ligereza y resistencia y hace milenios que recorrían todo el Mediterráneo. Los romanos disponían de una marina comercial y logística que navegando a la vista de costa les permitía comunicar su imperio.

Los chinos descubrieron las propiedades de la magnetita y con ella inventaron la brújula que les permitía orientar sus caravanas por las inmensidades del desierto de Mongolia, y posteriormente los barcos en la mar. Mercaderes y viajeros occidentales como Marco Polo llevaron a través de la ruta de la seda noticias de estos progresos chinos.

Fueron los mesopotámicos, los egipcios y después los griegos los que estudiaron la posición de los astros y efectuaron estudios astronómicos muy importantes. Durante las invasiones bárbaras los árabes, grandes matemáticos, custodiaron los conocimientos astronómicos clásicos que el mundo occidental tenía casi olvidado.

Alfonso X el Sabio reúne en su palacio de Galiana de Toledo una corte de científicos y traductores árabes y judíos que actualizaron varias obras, principalmente las tablas de altura de los astros. Y como premio a la colaboración judía, Alfonso, rey magnánimo y liberal, les regaló la sinagoga de la Blanca.

Para poder conocer la latitud, los marinos tuvieron que aprender a tomar la altura del sol y las estrellas con instrumentos adecuados. Estas observaciones permitían, consultando las tablas de altura, conocer los gradosque separaban un navío del ecuador.

Medir el tiempo era importantísimo; durante siglos los relojes de arena, agua, sol o candela, fueron utilizados de forma rudimentaria. Los de arena se utilizaron a bordo; y con estos relojes, se podía tener una idea aproximada del paso del tiempo que permitía estimar la velocidad del navío.

En la Baja Edad Media, "los cartógrafos" solamente se preocupaban de la distribución de las tribus de Israel de acuerdo con las sagradas escrituras y de la situación del paraíso y restante información y profecías bíblicas, pero su eficacia práctica era nula. En este siglo y en el siguiente destaca la importantísima escuela cartográfica mallorquina.

En Infante Don Enrique de Portugal reúne en Sagres un equipo de técnicos y científicos en saberes náuticos, y con espíritu empresarial organiza sucesivas expediciones explorando la costa africana hacia el sur. El estímulo de alcanzar los codiciados productos del extremo oriente y conectar con la corte del cristiano rey de Abisinia -Preste Juan- lleva a los portugueses, tras épicos esfuerzos (reflejados por Camoens en el inmortal poema "Os Lusiadas") a conseguir alcanzar las costas de la India, Japón y China.

España apuesta por la ruta del Oeste y tras la experiencia de la conquista de las Canarias hace frente, con éxito, a la exploración y conquista del continente americano.

Los siglos XVI y XVII, marcan en la historia de la evolución humana un hecho trascendental: por primera vez se adquiere conciencia global del planeta, que me materializó con el viaje Magallanes-Elcano, que tras indecibles penalidades, consigue circunnavegar la Tierra. La cuenta atrás de lo que hoy al borde del tercer milenio entendemos por aldea global, ha comenzado. Homo sapiens - Homo nauta - Homo espacial; son tres estadios de la evolución en que el factor comunicación acelera el progreso.

El empuje científico del siglo XVII se amplía en el XVIII, en el que perfecciona la navegación a vela. Aparecen los estudios de Bernoulli, iniciador de la ciencia hidrodinámica, y los de Newton, al cual se debe la primera teoría de las mareas a la que posteriormente Laplace dio un nuevo impulso.

Del siglo XVIII, en que se inicia nuestra actual civilización, datan los viajes de Cook y de La Perouse al océano Pacífico y al Antático, apareciendo el primer tratado de oceanografía debido al Marqués de Marsilli, publicado por la Academia Francesa de las Ciencias. En este siglo se descubrieron también las curvas de nivel y se publicaron las primeras cartas batimétricas.

Durante el siglo XIX se va liberando la navegación de las pesadas tareas de la vela con el descubrimiento de la máquina de vapor. En 1855, el comandante Mauri, de la marina de los Estados Unidos, autor de la obra clásica "Geografía Física del Mar", realiza los primeros intentos en el desarrollo de la oceanografía con el sondeo por eco, que inmediatamente se consolida y generaliza como método imprescindible para el levantamiento de cartas del fondo de los océanos.

La razón principal del auge de la oceanografía en el siglo XIX fue el tendido de los primeros cables telegráficos intercontinentales.

Abundan las expediciones marítimas en busca de nuevos descubrimientos. Citemos la norteamericana del "Dolphin", las del "Astrolabe" y "Zelée" de Dumont d'Urville y la más importante de todas la del "Challenger" alrededor del mundo. En esta época ya se conoce toda la geografía, excepto los polos y sólo falta descubrir el fondo del mar en su relieve y su naturaleza.

Los oceanógrafos tienen ya un procedimiento para sondear utilizando el eco; se perfeccionaron los métodos astronómicos para obtener la situación en el mar; se empiezan a utilizar tubos para obtener muestras del fondo, así como botellas muestreadoras de agua.

El "Challenger" era un velero que desde diciembre de 1872 hasta mayo de 1876 recorrió los tres océanos, sondeando, recogiendo muestras y ejemplares marítimos, analizándolos y anotando los datos y conclusiones en una gran obra de 50 volúmenes que, se puede decir, es la Biblia de los oceanógrafos.

Otras expediciones importantes son la del "Gazelle" de Alemania, la del "Valarous" de Inglaterra y la del "Blake" de los Estados Unidos que entre 1877 y 1879 descubrieron la fosa de Puerto Rico de 8.341 m. de profundidad.

En 1855, el Príncipe de Mónaco, oficial de la marina española, botó al agua su yate "Hirondelle", al cual siguieron el "Alice" I y el "Hirondelle" II; fundó luego el Museo Oceanográfico de Mónaco, formó la colección de Résultats Scientifiques, publicó el Boletín del Instituto Oceanográfico, fundando también el Instituto Oceanográfico de París y varios establecimientos de enseñanza.

Posteriormente, las expediciones más notables son las realizadas en los buques: "Gauss", "Siboga", "Albatross" y "Discovery", de Bélgica. Después de la Primera Guerra Mundialestán las del "Meteor" alemán y numerosas expediciones norteamericanas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la oceanografía progresó extraordinariamente en los Estados Unidos debido a los estudios realizados por su armada y por los grandes laboratorios oceanográficos con el del Atlántico en Wood Hole y el del Pacífico en La Jolla.

En la época actual, la oceanografía no es una disciplina única, pues es un campo en el cual se encuentran todas las especialidades y debe ser estudiada por equipos interdisciplinares.

La Segunda Guerra Mundial contribuyó al auge de la oceanografía por razones de tipo bélico, pero sus datos y los nuevos descubrimientos son aplicables a la pesca, a la búsqueda de nuevos caladeros, a la búsqueda de minerales y sobre todo a la cartografía exhaustiva de los fondos oceánicos.

Todo este desarrollo entraña que en el comportamiento de los seres vivientes, incluido el hombre, existen factores comunes de adaptación y evolución. Ya Darwin comprobó en las Galápagos, como pájaros de una misma especie adaptan las formas de sus picos, según los alimentos predominantes de cada isla. Durante 6.000 años de navegación los hombres de mar alcanzan señas de identidad propias: balanceo en el andar, mirada al infinito y una mezcla de abnegación y esperanza capaz de superar las mayores penalidades para llegar a la otra orilla.

Pero nada es gratuito en la naturaleza y toda acción produce respuestas muchas veces imprevistas. ¿No es extraordinario que el choque de un gran meteorito provocara la extinción de los dinosaurios y que fortuitamente a partir de entonces surgiera de pequeños seres vivientes la cadena evolutiva hasta el hombre actual?

La tendencia egocéntrica del hombre le lleva a considerar con inmediatez temporal y espacial la causa y efecto de los acontecimientos de los que es protagonista. Factor importantísimo de la ciencia y técnica actual es que sitúa los acontecimientos en una perspectiva mucho más profunda.

Somos proyectos inacabados, con caminos diferenciados y alternativos. Una hipotética colonización de los fondos marinos obligaría al hombre a adaptar su fisiología, transformándose en un bentovio, lo que tras millones de años nos llevaría a convertirnos en seres anfibios con un aspecto muy diferente al actual. El camino más probable de la conquista espacial da lugar a pensar que nuestros tataranietos espaciales tendrán un aspecto muy diferente al nuestro: la razón radica en que su organismo se transformará para aprender a desenvolverse sin la fuerza de la gravedad.

Pero hay algo claro que subyace en el alma y es que sobre todo avance técnico el hombre es ante todo un ser estético, creador y artista y que siente una dramática necesidad de conciliar la belleza de la biodiversidad y pureza de la naturaleza con lograr ir más allá en todos los campos. Es decir, con el desarrollo científico e industrial. La naturaleza tiene una velocidad de recuperación que el hombre no debe traspasar. La desertización del campo y fondos marinos tiene un límite al que nos estamos aproximando. A partir de una atmósfera sin oxígeno, sin protección de ozono y sin vida animal ni vegetal el hombre desaparece, iniciándose, tal vez, un larguísimo proceso a través de partículas vivas elementales. Una fórmula prometedora es apostar por el futuro conservando lo mejor del pasado: los mares representan la mayor riqueza del planeta por su biodiversidad y capacidad de autogeneración siendo un patrimonio común de la humanidad. Por ello una fuerte conciencia ecológica solidaria debe imponer leyes para que puedan seguir siendo la base de la vida y del futuro.

El 98% del agua del planeta se encuentra en los océanos, y en ella están disueltas diversidad de substancias en proporción casi constante. Gracias a la luz solar surgió en el seno de los mares, hace millones de años, el primer eslabón de vida. A partir de entonces en el planeta azul se multiplicaron las especies de vegetales, animales marinos y terrestres en un equilibrio de intercambios de energía entre la atmósfera, litosfera e hidrosfera, que garantizan una evolución abierta hacia el futuro.

Los rayos solares atravesando la superficie del mar transforman las sales inorgánicas disueltas en materia viva. Esta reacción se produce en el grupo de seres vivos llamado fitoplancton que se compone de algas microscópicas, capaces de realizar fotosíntesis. El 7% de los procesos fotosintéticos del planeta se efectúa en el mar, así es que la mayor parte del oxígeno atmosférico tiene un origen marino. El conocimiento físico-químico del océano se basa en la toma de datos y análisis de multitud de muestras.

Los fenómenos físico-químicos y biológicos observados desde buques oceanográficos mediante una sofisticada tecnología permiten la exploración y toma de muestras hasta en las máximas profundidades. Vigilar la presencia de substancias procedentes de residuos industriales y su impacto ambiental es una de las misiones encomendadas a la oceanografía.

El plancton está constituido por microorganismos vegetales y animales cuyo movimiento autónomo, cuando lo tienen, no sobrepasa al de la masa de agua, considerándose que viven flotando a la deriva. El fitoplancton más numeroso lo constituyen diatomeas y dinoflagelados y son los principales iniciadores de la cadena alimentaria. El zooplancton lo forman todos los huevecillos y estados larvarios de animales superiores y adultos microscópicos.

El necton lo forman todos los animales marinos que conocemos, tales como los tiburones, ballenas, peces, cangrejos, medusas... Todos experimentan migraciones verticales y horizontales, cuya magnitud varía desde un metro hasta miles de kilómetros.

Bentónicos son los organismos que habitan en el fondo del mar, desde el litoral hasta las fosas más profundas, con adaptaciones especiales para vivir fijos en las rocas, deambular por el fango y aun dentro de él, en presencia de luz o sin ella, para cuya función tienen apéndices sensoriales altamente desarrollados.

La comunidad pelágica la forman comunidades de peces que nadan en aguas abiertas y que no dependen directamente del fondo marino. Tanto los seres filtradores de plancton como los predadores, forman parte de la cadena alimentaria.

Frente a la agricultura y la ganadería, la pesca ha seguido tradicionalmente el método simple de la recolección. Ante unas sobrecapturas tales, que ponen en peligro a muchas especies y al equilibrio ecológico del sistema marino, la potenciación de las ciencias del mar, permite albergar importantes esperanzas. Una abusiva utilización del mar puede envenenarlo y agotarlo, lo que podría tener consecuencias catastróficas para todo el planeta, debido principalmente a una progresiva carencia de oxígeno en la atmósfera terrestre. Una pesca controlada debe respetar los ciclos biológicos y el tamaño y número de capturas.

Frente a la agricultura, la acuicultura está despertando, con un retraso de miles de años. En países pioneros como Japón y España, el consumo de productos marinos procedente de cultivos controlados aumenta progresivamente siendo previsible que los avances científico-técnicos conviertan el mar, hacia el futuro, en una gigantesca granja.

La reconversión del sector pesquero requiere potenciar la formación y la investigación sobre los seres marinos. Los centros de experiencias marinas y de acuicultura debe contar con las instalaciones técnicas y los efectivos humanos en función de los proyectos de investigación que estén desarrollando, tales como: estudios sobre biología de las diferentes especies de peces y moluscos, así como su patología más frecuente. Su cultivo en cautividad, o las condiciones necesarias para la explotación de bancos naturales de moluscos y de la productividad primaria en determinadas áreas. España, y particularmente Galicia, se encuentran entre los líderes mundiales de la cría industrial de especies marinas.

Si los recursos vivos del mar son estudiados y tratados por el hombre en la medida de su importancia, el mar podrá ser la gran despensa de futuras generaciones. Por el contrario, una contaminación masiva de las aguas junto a una explotación abusiva e irracional de los seres marinos podría llevarnos a una gran catástrofe.

Los avances en la ingeniería naval, además de mejorar los medios de transporte marítimo, representan un apoyo a los sistemas de penetración submarina para el uso y explotación de los fondos oceánicos. Efectivamente en este siglo y a consecuencia de los avances tecnológicos, el concepto plano del océano a dado paso a una visión y utilización tridimensional de los mares. Esto significa la puesta en funcionamiento de nuevas vías de transporte de materias primas, energía, etc., que bien se producen en el ámbito marítimo, como los pozos de petróleo submarino, o bien se hacen pasar por el, como una alternativa a los barcos, como los gasoductos bajo el mar. Consecuentemente la obra marítima tradicional que durante siglos se ocupó casi exclusivamente de la construcción de puertos, puentes y canales, se ha diversificado de forma progresiva dando soluciones para la racionalización de los transportes de todo tipo.

En 1850 se tendió el primer cable telefónico submarino entre Dover y Cap Gris-Nez. Desde entonces la red intercontinental de cables submarinos ha crecido incesantemente, perfeccionándose la naturaleza de los cables, que utilizando actualmente fibra óptica, permiten que millones de personas se comuniquen a través de miles de kilómetros bajo el mar. El tendido y mantenimiento de cables telefónicos submarinos se aborda desde una organización internacional mediante barcos, herramientas y especialistas altamente cualificados que garantizan estas comunicaciones.

La conducción de gases y líquidos por tuberías instaladas en el lecho marino, facilita el transporte principalmente de hidrocarburos. Desde Argelia los yacimientos de gas natural de Asin-Mel, situados en pleno desierto Magrebi, suministran este producto energético a Marruecos, España y Portugal mediante 1.400 km. de tubería que atraviesa el estrecho de Gibraltar entre Tanger y Zahára de los Atunes en la provincia de Cádiz. A través del estrecho de Gibraltar el gasoducto, se apoya sobre 47 km. de fondos marinos, alcanzando una profundidad máxima de 400 metros.

Las comunicaciones fijas para el transporte de personas y mercancías a través de túneles y puentes, permiten mediante grandes obras hidráulicas soluciones tan espectaculares como la conexión por ferrocarril a través del Canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra o gigantescos puentes como el llamado Vasco da Gama recientemente construido en la vecina Portugal. Con una longitud total de 17 km., diez de los cuales tendidos sobre las aguas del Tajo, es en la actualidad el más largo de Europa.

La realización de estos ambiciosos proyectos de ingeniería marítima son posibles por el logro de materiales de construcción de extraordinarias cualidades, así como, de poderosos medios a flote (dragas, grúas, diques flotantes,...) y herramientas de intervención submarina muy sofisticadas.

Pero indiscutiblemente todos estos nuevos usos del mar están provocando una poderosa demanda oceanográfica. Y la oceanografía está avanzando vertiginosamente impulsada en primer lugar por dos estímulos importantes: por una parte, la investigación espacial ha desarrollado todo un conjunto de tecnologías cuyas posibilidades son inmediatas en la captación de datos oceanográficos que mediante sistemas informáticos permiten la creación de gran número de bancos de datos tanto de parámetros físicos, como biológicos y de otros tipos.
 
Desde otro punto de vista este mejor conocimiento del mar considerado como fuente de recursos de todo tipo y en especial de alimentos y energía, ha estimulado una intensificación de su estudio, no sólo desde el punto de vista de su aplicación sino directamente en aquellas investigaciones ligadas con el incremento de las disciplinas básicas que se relacionan con la dinámica y la productividad.

Desde el punto de vista práctico se percibe una generalizada tendencia al empleo de métodos de análisis automático de extensas áreas, también al muestreo y consecuentemente al análisis de forma continua de los parámetros normalmente utilizados en oceanografía.

Es importante destacar una acentuada tendencia a la automatización de un número más elevado de parámetros. Debe destacarse también el empleo generalizado de boyas de registro automático, de los sistemas de análisis continuo más sofisticados que permiten el rastreo rápido de grandes zonas y finalmente el uso cada vez más extendido de los llamados sensores remotos, a partir de satélites artificiales o de aviones especialmente equipados, capaces de recibir y transmitir imágenes sinópticas de extensas superficies marinas, con distribución instantánea de algunos de los parámetros importantes en oceanografía, como por ejemplo la temperatura y la clorofila.

Y se sigue comparando y sacando conclusiones sobre las relaciones existentes entre el sistema tradicional que utiliza las estaciones fijas y por otra parte los sensores remotos o sistemas continuos.

Otra importante aplicación de los sensores remotos para la obtención de imágenes sinópticas en su aplicación en el estudio de los movimientos de peces migratorios y la estimación de su biomasa. En el campo de la contaminación, las modernas metodologías han profundizado de manera particular en el establecimiento de redes de recogida de información con el fin de conocer de forma continua la distribución de contaminantes como un primer paso para su control.

El crecimiento exponencial, a nivel mundial, de las investigaciones oceanográficas en todas sus ramas (miles de laboratorios oceanográficos, cientos de buques dotados de sofisticados sistemas de exploración marina, amplísima red mundial de boyas y sensores, información vía satélite, etc.) ha originado en las últimas décadas un espectacular desarrollo de una nueva industria: La que proporciona un impresionante arsenal de instrumentos tecnológicos al servicio de la exploración, control y explotación de los océanos.

Desde los cables de fibra óptica, los sonares de última generación pasando por los polivalentes robots de rastrear minuciosamente las máximas profundidades, hasta un diversificado mundo de elementos accesorios nos encontramos ante un gigantesco complejo industrial que mueve cifras astronómicas y que actualmente se encuentra casi en su totalidad en manos de las grandes potencias.

España, en las últimas décadas, ha crecido razonablemente en relación a las Ciencias Marinas (cuatro Facultades de Ciencias del Mar y modernos laboratorios y buques oceanográficos), aunque por el contrario, desgraciadamente, su industria tecnológica oceánica es prácticamente nula. Y seguramente una apuesta en esta dirección por parte de los que pueden tomar decisiones políticas puede ser motivo de un espectacular desarrollo y una interesante alternativa al sector de la construcción naval, hoy en crisis.

El gran reto del próximo milenio es armonizar el progreso científico-técnico con la naturaleza. Es innegable que las bases de los modernos y ultra rápidos sistemas de comunicación, han tenido su origen en el desarrollo de la navegación marítima. Prueba de ello es que la expresión "nauta" ha sido adoptada en el campo de la informática ("cibernauta") o en el de la exploración espacial ("cosmonauta").

Conexiones casi instantáneas y posiciones casi exactas, están eliminando todo tipo de fronteras, acelerando un proceso de conciencia global. Al hombre de la calle, de cualquier punto del planeta, le invade un sentimiento cósmico con reacciones muy distintas en los países pobres o en los países desarrollados. Los océanos como patrimonio de la humanidad, pueden dar una positiva respuesta a estos problemas.

Por orden de prioridades la primera cuestión es garantizar la supervivencia del hombre. Lo que nos lleva a garantizar una atmósfera respirable y esto va ligado al sostenimiento de la biodiversidad de los océanos. Hay que frenar decididamente la contaminación industrial y urbana, así como la extinción de las especies por una pesca abusiva, factores que actualmente están superando la capacidad autorregenerativa del mar. Deben imponerse leyes de protección del medio ambiente marino vigilando su cumplimiento.

Para una humanidad en desarrollo creciente, una explotación racional de los océanos representa una gran esperanza de abastecimiento de energía y materias primas de todo tipo. Esto requiere potenciar más las ciencias del mar y la tecnología oceánica, para conocer y utilizar mejor los fondos y medio marino.

El pasado año 1998 fue declarado por Naciones Unidas año internacional de los océanos, presentando un singular acontecimiento: la Exposición Mundial de Lisboa bajo el lema "Los océanos un patrimonio para el futuro". En definitiva la noción de patrimonio debe ser entendida desde dos puntos de vista: por un lado se trata de valorar los bienes físicos, culturales y deportivos, brindados por los océanos, y por otra parte esta noción está íntimamente relacionada con la idea de preservación y responsabilidad de cara a las generaciones futuras.

EXPO 98 fue una ocasión privilegiada para percibir los grandes problemas que se van a suscitar en la gestión de los océanos al comienzo del siglo veintiuno. Siglo en el cual asistiremos a la ocupación tridimensional de los océanos como última frontera del planeta.

Esta gran Exposición Universal, con independencia de su gran atractivo lúdico a través de sus diversos pabellones temáticos, representó un foro de extraordinaria importancia, ya que el intercambio de formación y experiencia contribuyó, sin duda, a mejorar la cooperación regional, científica y política en pro de que una racional utilización de los océanos favorezca más el justo desarrollo económico y social de la humanidad.

Si como se ha propuesto a Naciones Unidas se constituye una Agencia Especial para Asuntos Oceánicos, de rango internacional, con dependencia directa de la ONU, se habrá logrado un hito histórico de gran transcendencia futura.