Medio ambiente litoral. Evolución natural e influencia humana

Omar Ricardo Ortiz-Troncoso
Académico correspondiente en Holanda de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile; miembro de la Real Liga Naval Española

INTRODUCCIÓN

La Secretaría de la Organización Meteorológica Mundial, con sede en Ginebra, ha publicado un volumen conteniendo opiniones de dirigentes del mundo en relación con los cambios climáticos que estamos viviendo, y sus proyecciones a futuro. La edición de esta obra formó parte de los preparativos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo celebrada hace poco más de siete años en Rio de Janeiro. En el prólogo, el Secretario General de esta organización, Prof. G.O.P.Obasi enfatiza acerca de que "la cuestión de los cambios climáticos es uno de los temas sobre el medio ambiente y el desarrollo que más preocupa actualmente a todos los países". Añade que "los cambios climáticos tendrán seguramente un efecto sobre el desarrollo duradero futuro de gran parte de nuestros recursos planetarios, tales como los que se refieren a la biodiversidad, al agua, a los bosques, a los suelos y a los océanos así como sobre las diversas actividades sectoriales, como la agricultura y la industria".

El mismo autor subraya que "si bien en el pasado han ocurrido cambios climáticos, su ritmo fue mucho más lento del que se predice actualmente para el próximo siglo" - es decir el siglo al que ya hemos ingresado- recalcando que en el "contexto de los cambios que ocurrieron anteriormente, en general las diversas formas de vida tuvieron tiempo suficiente para adaptarse. El aspecto dramático de la situación actual es la rapidez potencial, sin precedente, de estos cambios" (Obasi 1992: V-VI).

Para ilustrar esta situación basta con revisar la prensa cotidiana, la que con creciente frecuencia nos trae noticias como las alertas que se dan al tráfico marítimo en relación con la presencia de hielos flotantes en el Pacífico Sur, los cuales presentan a veces dimensiones de auténticas islas de centenares de kilómetros cuadrados. El desprendimiento desde la Antártida de estos gigantescos icebergs ejemplifica claramente los cambios climáticos que están ocurriendo en ese continente, que es la más grande reserva de hielo del planeta.

Abarcar en un corto número de páginas toda la magnitud de estos procesos, y sus eventuales consecuencias, es tarea imposible. Por esta razón nuestra síntesis se refiere fundamentalmente a algunos casos vinculados a Sudamérica y, muy especialmente, al medio ambiente litoral.

MEDIO AMBIENTE LITORAL

Para definir el litoral y la ribera oceánica, Ottman entregó hace ya 35 años una definición que, por su sencillez, no ha perdido valor a pesar de las décadas transcurridas. En su obra introductoria a la geología marina y costera señalaba ese autor: "Š estaría tentado de definir el litoral como la zona que une la tierra y el mar, y la ribera como un límite actual y temporal de las variaciones respectivas de estos dos dominios" (Ottman 1965). El carácter provisorio del límite tierra-mar es lo más destacable del párrafo citado. Esto representa en la realidad la posibilidad de transgresiones marinas que pueden sumergir vastas superficies de tierra o, al contrario, regresiones marinas que tendrán efecto contrario al recién descrito.

El estudio del nivel marino a través de los últimos 10.000 años ha conducido a la formulación de una serie de hipótesis que, en síntesis, pueden ser agrupadas en tres categorías. Primeramente encontramos aquellos planteamientos que se refieren a un rápido incremento del nivel general de los océanos hasta aproximadamente 3.000 años antes de nuestra era (es decir hasta fines del Atlanticum) ascendiendo hasta unos tres metros por encima del actual nivel, siguiendo luego una serie de fluctuaciones que finalmente condujeron hasta el nivel que conocemos. En segundo lugar podemos situar las hipótesis que postulan por un ascenso uniforme del nivel marino durante el Holoceno (grosso modo los últimos diez mil años), llegando este nivel a su actual posición hace unos 2.000 a 5.000 años. Supuestamente, a partir de entonces el nivel se mantendría casi sin variación. Para concluir, el tercer grupo de hipótesis incluye aquellas que suponen un ascenso permanente de la superficie marina, sin estabilización en ningún momento.

Antes de seguir, es necesario hacer notar que existen fundamentadas críticas a estas diferencias de opinión, como por ejemplo las de quienes señalan que la disparidad de puntos de vista proviene de que los estudios sobre el tema entregan conclusiones válidas sólo para áreas restringidas. En otras palabras, algunos investigadores se limitarían a generalizar a partir de resultados obtenidos para zonas geográficas limitadas (Ortiz-Troncoso 1983, 1985).

A gran escala podríamos indicar que se estima que las fluctuaciones del nivel marino durante los últimos 200.000 años van desde 150 metros por debajo del actual nivel y hasta 10 metros por encima de él. También se ha calculado que si se fundiera todo el hielo actualmente acumulado en los glaciales y en los polos, el nivel general de los océanos se empinaría hasta unos 78 metros por encima del actual (Barry 1981, citado por Inman 1983).

Por ejemplo, un estudio paleoambiental de Usselmann incluye información para el litoral del sur de Colombia, de la totalidad de la costa de Ecuador y de la mitad norte de Perú. Basándose en estudios previos de Fairbridge, el citado investigador indica que hace unos 18.000 años el océano llegó a un nivel de unos 100 metros por debajo del actual. Obviamente, como consecuencia directa de ello la costa se desplazó considerablemente, prácticamente duplicando su actual extensión este-oeste a partir del borde de los Andes. Hace unos 10.000 años el nivel era todavía de unos 50 metros por debajo del actual. Pero hace 5.000 años, durante el episodio climático cálido y húmedo conocido como optimum climático, se produjo frente a esas costas una transgresión marina que hizo subir considerablemente el nivel marino hasta por encima del actual (Fairbridge 1976-a; Usselmann 1989). Existe también información para la costa panameña, la que enfrentó un paulatino ascenso del nivel marino, el que se habría estabilizado hacia comienzos de nuestra, alcanzando un óptimo desarrollo de los bosques de mangle con las altas temperaturas y la humedad presentes allí hace cinco milenios (Bartlett & Barghoorn 1973; Usselmann 1989:239-241).

Este tema, el de la vegetación costera, nos lleva a mencionar en esta síntesis uno de los aspectos más sensibles de los litorales tropicales y subtropicales del continente. Nos estamos refiriendo a los manglares, cuya evolución ha seguido de cerca los cambios climáticos y las alteraciones del nivel marino. Por su riqueza faunística, estos bosques que crecen sobre los estuarios fluviales y los litorales protegidos, adaptados al flujo de las mareas, fueron explotados durante milenios por los amerindios de cultura adaptada al medio marítimo, hasta que retrocedieran frente a cambios climáticos o alteraciones provocadas por el hombre. Los casos que hemos podido estudiar - por ejemplo en la costa colombiana - nos confirman que la explotación prehispánica de estos bosques anfibios de aguas semi-salobres, y su entorno, fue llevada a cabo con eficiencia, vale decir sin excesos que agotaran las especies que cobijan.

En esta materia no se puede dejar de citar los ejemplos brasileños, principalmente los que existen en los 1.300 kilómetros de litoral de los estados de Rio de Janeiro, São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul. En esta costa se conservan montículos arqueológicos constituidos por restos de alimentación indígena de origen marino. Por su extensión y altura, con frecuencia superior a diez metros, se encuentran entre los yacimientos prehistóricos de mayor magnitud del continente. Estas acumulaciones, conocidas tradicionalmente como sambaquis, contienen vestigios culturales y faunísticos dejados por los indígenas que habitaron las playas, las riberas de los ríos y de las lagunas costeras, y aprovecharon los recursos de los bosques de mangle. La edad inicial de los sambaquis más antiguos - como el sambaqui de Maratuá, en la isla de Santo Amaro (São Paulo) - podría remontarse a unos 4.000 años (Fairbridge 1976-b; Garcia 1979); otro, en la bahía de Antonina (Paraná) alcanzaría unos 6.000 años de antigüedad (Hurt 1974).

Resumíamos, en otra ocasión, señalando que "en cuanto al litoral, su estudio sistemático presenta las dificultades inherentes a un medio afectado por variaciones de diversa índole, como las del nivel del mar y por levantamientos y hundimientos de las costas, y desde luego por la propia acción del hombre. Esto lleva a reflexionar sobre las consecuencias que ha podido tener sobre el medio ambiente litoral la presencia, desde la prehistoria, de poblaciones asentadas permanentemente sobre la banda costera haciendo de ella su principal fuente de recursos de subsistencia" (Van der Hammen & Ortiz-Troncoso 1992, especialmente en lo que se refiere a la parte septentrional de Sudamérica).

Para tratar la problemática de la evolución de la línea costera se requiere tener en cuenta dos factores básicos. Por una parte el ascenso o descenso de la masa terrestre, es decir los llamados movimientos isostáticos (a veces también aquellos de origen tectónico). Además, el ascenso o descenso del nivel medio general de los océanos, es decir los movimientos eustáticos. Ambos factores conducen a trazar este límite variable que es la ribera oceánica, el que es cambiante de acuerdo con una serie de factores incluyendo las variaciones climáticas, sobre las que hemos venido poniendo énfasis en esta presentación.

Por ejemplo, en ciertas regiones la masa terrestre suele mostrar huellas de inestabilidad provocada por la alternancia en la formación y desaparición de glaciares. Obviamente son las costas de las altas latitudes las que con más frecuencia muestras signos de estos fenómenos. Es decir, la presión de las masas de hielo determina el hundimiento de la masa terrestre costera. Durante los períodos de disminución de los hielos, por elasticidad la costa vuelve paulatinamente a levantarse. Como contrapartida, la acumulación de hielo sobre las tierras emergidas durante los períodos climáticos fríos, ha traído como lógica consecuencia una disminución general en el nivel de los océanos.

Una consecuencia directa de la disminución del nivel del mar ha sido la formación de "puentes" terrestres entre continentes e islas, facilitando el intercambio de especies vegetales y animales. Igualmente migraciones humanas que hicieron posible en la prehistoria el poblamiento de vastos territorios, como es el caso del propio continente americano colonizado a través del puente terrestre que unió Asia con América en la zona de Bering.

A la hora actual la mayor preocupación es el aumento del nivel del mar. Una información de prensa basada en datos recientes proporcionados por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) indica que se sugiere un futuro aumento global promedio de entre dos y diez centímetros por década, lo cual es un incremento notable comparado con los dos centímetros por década observados durante el siglo XIX (Diario El Colombiano, Medellín 9.12.1999).

En otras áreas del mundo el fenómeno puede acarrear efectos catastróficos, como en Bangladesh, donde se estima que un futuro aumento del nivel marino de un metro sumergiría entre un 10 y un 17 por ciento de la superficie del país. Una autoridad señalaba que, en ese caso, más de diez millones de personas se convertirían en "refugiados ecológicos", inquietante término que está pasando a formar parte del vocabulario de muchas naciones (Zia 1992:13).

Otros afectados directos serían los pobladores de territorios insulares de escasa altitud sobre el nivel del mar, como las islas Maldivas, en el océano Indico. En 1987, en Malé, Maldivas, se llevó a cabo un congreso de Pequeños Estados sobre el aumento del nivel del mar "para intercambiar información sobre estrategias y políticas en relación con el cambio climático, el calentamiento global y el aumento del nivel del mar que son preocupaciones comunes de toda la humanidad". Entre otras decisiones este congreso acogió la proposición presentada por la República de Trinidad y Tobago para la creación de una asociación denominada Alianza de Pequeños Estados Insulares, con el fin de atraer la atención y la ayuda internacional acerca de problemas específicos de estos Estados y, desde luego, lo concerniente a la problemática derivada del incremento en el nivel de los océanos (Gayoom 1992:78-80).

AUMENTO GLOBAL DE LA TEMPERATURA Y EFECTOS COLATERALES

De acuerdo con las conclusiones a que llega el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), durante el siglo XX la temperatura media anual de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú tuvo un incremento de 0.8 grados. Las temperaturas globales promedio aumentaran entre 1.3 y 4.6 grados para el año 2100 "lo cual representa rangos de calentamiento global entre 0.1 y 0.4 grados por década. Se señala asimismo que las precipitaciones aumentarán en Perú, Ecuador y sur de Colombia, pero el norte de Colombia y Venezuela se tornarán más secos. Por ende, la distribución de la vegetación deberá sufrir alteraciones. El calentamiento climático en el sistema de la Cordillera Blanca del Perú ya está provocando la contracción de los hielos permanentes y "por cada grado adicional de calentamiento, las especies que son sensibles a la temperatura, pueden ser forzadas a emigrar a alturas de 150 a 200 metros más arriba" (Diario El Colombiano, Medellín 9.12.1999).
 
La cuestión del efecto invernadero producido principalmente por concentraciones más altas de dióxido de carbono (CO2), el principal de los gases producido por la actividad humana, ya ha sido tratado con frecuencia en reuniones y foros.

En relación con la perforación de la capa de ozono, en septiembre de 1999 se afirmaba que su tamaño seguía aumentando y que sobre la Antártida ya superaba los 26 millones de kilómetros cuadrados. La temperatura del planeta, convertida en invernadero, aumentará una media de 1.2 grados centígrados en los próximos cien años (Diario El Nacional, Caracas 28.09.1999).

CONTAMINACIÓN MARINA

De otro origen, pero no menos importante, es el problema de la contaminación de los mares, y costas adyacentes, debido en gran medida al aumento del uso de las vías marítimas para el transporte de hidrocarburos y otras substancias cuyo derrame puede ser altamente nocivo. De más está decir que esta preocupación no existió o fue mínima en la era pre-industrial. En octubre de 1999 tuvo lugar en la ciudad de Viña del Mar, Chile, un taller sobre "Manejo de desechos y la gestión integrada de zonas costeras en América Latina". Es decir uno de tantos seminarios y reuniones dedicados a tratar este problema en diversas partes del mundo, demostrando la preocupación que existe por crear conciencia de los beneficios que conlleva la aplicación de las convenciones internacionales acerca del tema, reguladas éstas por la Organización Marítima Internacional, que fue uno de los patrocinadores de la reunión recién señalada.

Quienes laboran en los rubros del transporte marítimo y la pesca conocen perfectamente el alcance de este problema, típico de nuestra época y, por ende, frecuentemente tratado en la prensa aun cuando el énfasis va puesto en la espectacularidad de las grandes catástrofes marítimas pero muy poco en accidentes menores y casos de contaminación limitada que, por acumulación, pueden conducir también a importantes degradaciones de los ecosistemas marítimos, fluviales y lacustres. A manera de ejemplo, no hace mucho la máxima autoridad del Uruguay señalaba que "los efectos contaminantes de los cursos de agua por obra de actividades humanas han llegado a tener niveles preocupantes, principalmente en la ciudad de Montevideo, que es el centro poblado más grande del país, concentrando aproximadamente el 50% de la población total del Uruguay. La contaminación se origina básicamente en los vertimientos de las empresas de gestión de desechos, de las industrias del cuero, lavaderos de lanas, fábricas de pinturas, etc., que, con el vertido de metales pesados y productos orgánicos sintéticos, son los que causan mayor preocupación debido a sus efectos perjudiciales en el organismo humano" (Lacalle 1992:164).
 
CONCLUSIONES

Como todos sabemos, hasta una época relativamente reciente en la historia de la humanidad, los cambios a que nos hemos venido refiriendo sobrevinieron como consecuencia de fenómenos naturales que la ciencia ha ido poco a poco evaluando a través de estudios paleombientales. Sin embargo, ahora estamos conscientes de que la acción del hombre ha desencadenado una serie de consecuencias difíciles de prever y neutralizar.

Resulta evidente que el planeta viene siendo víctima del progresivo aumento de población humana y de la industrialización, iniciada ésta en siglos pasados pero adquiriendo una dimensión insospechada desde el advenimiento de la llamada revolución industrial. Como lo señalaba textualmente el jefe de gobierno de un país asiático insular "la cuestión del medio ambiente mundial es un problema que preocupa a todas las naciones y son los países industrializados los principales responsables de los problemas actuales en este sentido. El calentamiento global, el agotamiento de la capa de ozono, la lluvia ácida y la deforestación han sido provocados en gran parte por su carrera hacia una supremacía económica" (Gayoom 1992:80-81). Otro mandatario llegó incluso a referirse a una deuda ecológica, de la que serían responsables los países industrializados por su contribución actual e histórica al deterioro medioambiental. Por su parte, Maurice F. Strong anota conclusiones semejantes, indicando que "resulta paradójico que la degradación del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales que ponen en peligro el futuro de nuestro planeta hayan sido en su mayor parte el resultado del mismo proceso que ha producido tal grado sin precedentes de riqueza y prosperidad en el mundo industrializado. El fuerte desequilibrio que ha creado la concentración del crecimiento económico en los países industrializados y el crecimiento demográfico en los países en desarrollo constituyen el aspecto principal del presente dilema. La rectificación de ese desequilibrio constituirá el elemento clave para garantizar la seguridad de nuestro planeta en el futuro" (Strong 1992:XIX).

Resulta evidente que el conjunto de problemas que hemos venido señalan-do será, a lo largo del siglo que estamos iniciando, uno de los temas que debe recibir prioridad en cuanto a esfuerzos internacionales para disminuir las causas que los provocan. Asi mismo, para coordinar esfuerzos tendientes a paliar sus efectos.

Esta reunión de la Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Navales y Marítimas, en este escenario privilegiado de Rio de Janeiro, constituye el sitio adecuado para señalar estos problemas frente a quienes aquí se han reunido guiados por un común afecto al mar y a la cultura marítima en sus más diversas expresiones, lo que sin duda incluye igualmente el interés por la preservación del medio ambiente litoral y marítimo.

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