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EL HABLAR MARINERO

Omar Ricardo Ortiz-Troncoso, PhD Académico correspondiente, en Holanda, de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile,
Miembro de la Real Liga Naval Española

Artículo publicado en Revista Mar, órgano oficial de la Liga Marítima de Chile, número 187, pp.31-34, Valparaíso 2001

 


Introducción.

Desde el mundo de la actividad marítima ha venido surgiendo, a lo largo de siglos, un lenguaje inherente a ese contexto social y cultural, lo que es normal ya que cada profesión u oficio posee su propio léxico salpicado de vocablos y expresiones de interpretación frecuentemente oscura para el neófito. Pero, por otra parte, cuando su significado llega a popularizarse se convierten en términos o locuciones de uso general dentro del idioma.

Es decir, muchas expresiones de origen náutico pueden llegar a aparecer con frecuencia en la conversación cotidiana o en la prensa escrita situada fuera del marco geográfico y laboral que les dio origen. Ejemplos tan comunes como “ir viento en popa”, “por la boca muere el pez”, “contra viento y marea” y muchos otros son de uso diario y no requieren de mayor explicación para su comprensión por cualquier interlocutor, aún cuando sus intereses y actividades estén alejados del ámbito marítimo. Indiscutiblemente, la abundancia o escasez de estos términos y expresiones en el lenguaje guarda relación directa con el mayor o menos acercamiento que una sociedad haya tenido, a través de su historia, con el quehacer náutico.

El objetivo de estas páginas no es el de revisar el vocabulario marítimo de nuestro idioma, sino sólo el de recordar y comparar una breve selección de locuciones marineras, teniendo presente que una locución es una expresión, giro o modo de hablar. Si se quiere establecer una clasificación preliminar de estas expresiones, habría que comenzar por algunas definiciones. El diccionario español VOX indica que refrán es un “dicho agudo y sentencioso de uso común” siendo esencial “su carácter popular y tradicional”. Esto lo diferencia del proverbio y del adagio, que suelen ser “frases sentenciosas de autor conocido” y se distinguen por un tono literario y culto; el aforismo “encierra generalmente la idea de aplicación a alguna ciencia o arte”; la máxima “es un dicho sentencioso que se erige en norma intelectual o de conducta”; la sentencia “sugiere gravedad de tono, y contenido moral o doctrinal”. Resumiendo, podría señalarse que numerosas expresiones marineras se acercan al refrán por su tinte indiscutiblemente popular y vernáculo. Otras, como veremos, por incluir la idea de aplicación de experiencia adquirida podrían ser adscritas a las categorías de aforismo y de máxima.

Hace pocos años, Hernán Godoy Urzúa presentaba un trabajo de incorporación a la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile bajo el título “La cultura y la conciencia marítima en España y en Chile”. El académico aludido cita una publicación de 1933 del español Gervasio de Artiñano, en el que éste indicaba: “Hemos ido tropezando con bastantes vocablos y frases típicas, exclusivos de la gente de mar. Son tantos los que hay peculiares a ella, que forman un verdadero diccionario especial. Ya en nuestra edad de oro [siglos XVI y XVII] llamaban poderosamente la atención. Raro es el escritor que trate de asuntos navales que no eche mano de muchas de estas características palabras. Es curioso hacer notar que, en numerosos casos, siguen empleándose hoy en día y con análogos significados que entonces”. Las líneas reproducidas no hacen sino destacar la persistencia del lenguaje marítimo a través del tiempo. Artiñano también define lo que entiende por mentalidad marítima: “la disposición del ánimo que en todo proceso mental coloca al mar en plano preferente y le presta la atención que este exige”.

Godoy Urzúa incluye en la ya mencionada presentación a la Academia de Historia Naval y Marítima un capítulo que titula “El refranero”, donde coteja expresiones populares de España y Chile. Señala, por ejemplo, que las locuciones populares adoptan carácter metafórico. Según su punto de vista “la metáfora marina sirve al chileno para expresar el optimismo de los buenos momentos, en que la vida parece una navegación feliz. Así, por ejemplo, habla de: soltar amarras, atracar el bote, tirarse al abordaje,... Pero también la metáfora marina le sirve al chileno para caracterizar los momentos difíciles o francamento adversos: remar contra la corriente, ir de tumbo en tumbo, poner la proa, ...” Luego de citar refranes españoles, llega a la siguiente conclusión: “Es curioso que no aparezcan aquí las connotaciones optimistas que abundan en las locuciones marineras de Chile. Por contrario, predomina en las de España un sentido pesimista o francamente negativo del mar...” Probablemente esto último se deba a la prolongada supremacía de Castilla en la vida política, social y cultural de la Península, geografía distante del mar pero que, cuando fue necesario, no constituyó impedimento para enviar naves hacia todos los océanos.

Por su parte José M. Martínez-Hidalgo, director del Museo de las Reales Atarazanas de Barcelona, al presentar su “Diccionario náutico” hace el siguiente comentario: “Las gentes de mar y las dedicadas a actividades marítimas, tienen un lenguaje propio muy extenso, eufónico y de característicos matices. No es sólo el repertorio de una de tantas técnicas, ni simple vocabulario profesional. Además de esto, es toda la expresión de una forma de ser y de vivir”. Con esto, es evidente que el estudio del lenguaje del hombre de mar alcanza una connotación no sólo lingüística, sino también sociológica.

Categorías.

Revisando refraneros náuticos hispanoamericanos y peninsulares es fácil concluir que su contenido puede dar lugar a diversas tipologías de acuerdo a los criterios de clasificación que se adopten. Un caso típico lo constituyen los refranes que hacen referencia a pronósticos climáticos, desde luego importantísimos en las arriesgadas faenas de la mar o en las tareas de la pesca fluvial. Pero, por otro lado, puede adoptarse como medio clasificatorio al elemento que sirve para alcanzar la conclusión que se desea obtener, por ejemplo el comportamiento de la fauna observada por el marino experimentado. Los casos son abundantes: “ave de mar que busca madriguera, anuncia tempestad de esta manera”; “animales perezosos, tiempo tormentoso”; “delfines que mucho saltan, viento traen y calma espantan”; “gaviota en el río, vendaval rompío”. La observación directa del cielo conduce a resultados de orden parecido: “cuando el sol se pone rojo, es que tiene lluvia en un ojo”; “luna al salir colorada, anuncia que habrá ventada”. Y aquel tan popular en el medio costero y rural chileno: “Norte claro, Sur oscuro, aguacero seguro”. La actitud de la fauna ayuda también a obtener conclusiones de connotación moral y de pauta de comportamiento, como el bien conocido “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

Indudablemente existen expresiones cuyo significado es ininteligible para quienes no estén involucrados en los oficios náuticos o no pertenezcan a un determinado estamento. Citando un caso propio a la Armada de Chile, “estar tuli” expresa estar convenientemente preparado para bajar a tierra. Según aclaración recogida entre viejos marinos su origen derivaría de un perfume, antaño popular, conocido bajo el nombre de “tulipa” (o del francés tulipe), último toque de vanidad en el acicalamiento del tripulante que llega a puerto con ánimo de conquista.

En otro orden de cosas, pero siempre de significado requiriendo explicación previa, se encuentra el dicho caribeño “estar como caimán en boca de caño” cuya comprensión requiere de una breve aclaración. El sustantivo “caño” se aplica a un riachuelo natural que comunica una laguna litoral o ciénaga con el mar y por el que, de acuerdo con la alternancia de las mareas, ingresa agua salobre transportando peces y cangrejos. Por esta razón los caimanes se colocan al acecho en la boca o entrada de los caños con la intención de capturar una presa. En síntesis, esta expresión señala que se está a la expectativa de la llegada de algo esperado con impaciencia.

Aquellos refranes que exponen experiencia y profesionalismo constituyen, desde luego, otra categoría rica en ejemplos: “en atracadas y desatracadas, las hélices deben ser vigiladas”; “en navegación costera, marca, sonda y corredera”; “la maniobra es imprudente, si de popa es la corriente”; “maniobra comenzada, nunca debe ser variada”; “coderas y anclas cuidadas, evitan tristes garreadas”; “si sales a navegar, no te canses de preparar”; “espera que llene la mar, para entrar en la canal”; etc.

También existen órdenes rimadas, como “alza arriba / trinca el coy / coy a la batayola” (indica la secuencia de movimientos para los actos de levantarse, amarrar el coy o hamaca y colocarlo en la batayola formando un parapeto). Proporciones y medidas han servido de pauta a locuciones tales como “de capitán a paje”, “de quilla a perilla” y “de chicote a chicote”.

El humor no está ausente y en algunas marinas del Caribe éste alude a la jerarquía naval: “mientras menos negro, más malo”. La explicación es simple: un oficial, mientras más galones dorados lleva sobre las palas u hombreras, y consecuentemente se ve menos el fondo negro de ellas, es más de temer porque está revestido de mayor autoridad (es fácil imaginar que opinión hay sobre los almirantes, cuyas palas son totalmente doradas). Aludiendo a quien entusiasma a los demás por algo negándose luego a compartir las dificultades, existe aquel dicho bien difundido: “ser como el capitán Araya, que los embarca a todos y él se queda en la playa”.

Las comparaciones picarescas entre la mar y la mujer dan también material para no pocas expresiones, poniéndose el acento en la cautela y en la inconstancia: “la mar y la mujer, de lejos se han de ver”; “a la mujer y al viento, pocas veces y con tiento”; “mujer y viento, se mudan a cada momento”.

No está ausente el temor a los peligros que conlleva el trabajo en el medio marítimo, como aquel viejo refrán español que reconoce de paso la experiencia marítima británica: “La mar para los peces y para los ingleses”. Otros alcanzan un tinte siniestro: “en calma de mar no creas, por sereno que lo veas”; “lancha sin cubierta, sepultura abierta”; “no existe hombre de mar que no se pueda ahogar”.

Al parecer, en Chile más que en otros países el lenguaje popular alude con frecuencia a los productos del océano, como aquello de “que le hace al agua al pescado” y “reírse de los peces de colores” o, yendo más lejos, comparar cosas inútiles y sin interés con “cabezas de pescado”. Los cambios de humor se traducen en lenguaje vulgar a “chorearse” (irritarse), “botarse a choro” (envalentonarse), “sacar los choros del canasto” a alguien (equivalente a sacarle de sus casillas).

De particular interés son las expresiones de connotación histórica como es el caso de la advertencia de peligro aludiendo a la presencia de “moros en la costa”, lo que seguramente se remonta a la época en que el litoral mediterráneo de España era todavía amenazado por piratas berberiscos. La muy chilena y antigua expresión “llegó charqui a Coquimbo” señala el arribo de alguien que no es bienvenido. En ella, charqui (palabra indígena para designar la carne seca) reemplaza el apellido del pirata inglés Bartholomew Sharp que saqueó el puerto de Coquimbo en 1680.

Conclusión.

Es necesario insistir en que no hemos tratado de hacer una recopilación exhaustiva, sino de recordar algunas de estas expresiones que reflejan la vinculación con el mar de nuestro lenguaje cotidiano y popular. Ir más allá sería entrar en una tarea de análisis que sobrepasa con creces el objetivo de esta nota. Debe tenerse presente, por otra parte, que el lenguaje está en constante evolución y así como hay vocablos y expresiones que caen en desuso, aparecen otros que los reemplazan. Ejemplificando, no hace mucho leíamos en un periódico colombiano una comparación inédita: “más difícil que matar un tiburón a cachetadas”.

Existen numerosos diccionarios náuticos en nuestro idioma, sobre todo editados en España y ya desde las postrimerías el siglo XVII, como es el caso del “Vocabulario de los nombres que usan la gente de mar en todo lo que pertenece a su arte” por Sebastián Fernández de Gamboa (Sevilla 1696). Dentro de Hispanoamérica, Chile ha tenido un rol pionero en la materia considerando que hace algo más de siglo y medio fue publicado el “Diccionario Naval” de Benjamín Muñoz Gamero (Valparaíso 1849). Ya en el siglo XX fueron editados los “Apuntes para un diccionario marítimo-militar chileno” por Guillermo M. Bañados (Santiago 1924). Pero los repertorios de vocablos náuticos parecen haber concentrado más atención y dedicación que los refraneros, por la simple razón de que aquellos tienen una aplicación práctica innegable para quienes se inician en las profesiones del mar, mientras que los segundos constituyen un trabajo teórico de recopilación y estudio con propósitos literarios o folclóricos. Es de esperar que esta situación varíe, ya que permitiría salvaguardar para las futuras generaciones una valiosa reserva de la tradición oral marítima.

Obras consultadas:
- Godoy Urzúa, Hernán, “La cultura y la conciencia marítima en España y en Chile”. Boletín de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile Nr.2, pp.189-213. Valparaíso 1997.
- Martínez-Hidalgo, José María, “Diccionario náutico”. Barcelona 1977.
- Ortiz-Troncoso, O.R., “Dos diccionarios náuticos chilenos con trayectoria histórica”. Revista de Marina (Valparaíso) 1/2000, pp. 82-86.
- Ortiz-Troncoso, O.R., “Léxico náutico” (en preparación).
- “VOX, Diccionario general ilustrado de la lengua española”. Barcelona 1968 (segunda edición).

 

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